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Reflexiones personales sobre el incendio forestal cerca de mi casa

El mundo está cambiando y trato de adaptarme y seguir adelante con mi vida. Como seres humanos, todos nos relacionamos con los acontecimientos de forma diferente, y la forma en que los afrontamos puede influir en nuestra actitud y también en quienes nos rodean.

Un reciente incendio forestal cerca de nuestra ciudad, Port Alberni, me recordó esta disyuntiva. El peligro era, sin duda, real y difícil de ignorar. Uno puede perder todo lo que es preciado, tanto material como sentimentalmente. Una vez que llegaron las noticias del incendio, algunas personas comenzaron a expresar su temor día y noche por su inmensa y destructiva naturaleza. Muchos, a pesar de la ausencia de una alerta de evacuación, abandonaron la ciudad por miedo. Me costó mantener la calma debido al pánico de los demás. Pero decidí mantener la calma.

Verán, mi vida ha estado llena de acontecimientos que escapan de mi control y me dejaron con una sensación de total impotencia. Dejé mi natal Irán, y luego, después de la revolución, no pude regresar a casa. Estaba varado en un país extranjero sin pasaporte ni trabajo, solo con una visa de estudiante y no podía recibir dinero de casa. Durante siete años, fui refugiado en la India, con el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Este apoyo vital fue bienvenido, pero apenas cubría mis gastos de alimentación. No tenía dinero, ni transporte, ni siquiera una radio para escuchar música, y tuve que sobrevivir enfermedades y otros imprevistos. Mi situación se volvió aún más difícil por estar a miles de kilómetros de mis seres queridos en casa.

El lado positivo, mi situación también me brindó una oportunidad increíble para crecer como persona y aprender a ser agradecido ante la adversidad. Las lecciones aprendidas cambiaron mi perspectiva de la vida para siempre. Estaba tan indefenso que no tenía otra salida que confiar en Él, mi Creador, y mi fuente de energía eran las Sagradas Escrituras de todas las religiones, y en particular la mía, la Fe Bahá’í. Escritos como este me ayudaron a encontrar paz en mi mente atribulada:

“Todo lo que te ha sucedido ha sido por amor a Dios. Esta es la verdad, y de esto no hay duda. Por lo tanto, debes dejar todos tus asuntos en Sus manos, depositar tu confianza en Él y depender de Él. Él, sin duda, no te abandonará. En esto, tampoco hay duda.” ~Bahá’u’lláh (Traducción provisoria)

Como en toda situación y crisis, cada persona reacciona de forma diferente. Algunos entran en pánico y se centran en los peores escenarios, y no puedo culparlos por sentirse y actuar así. Aun así, muchos empezaron a buscar ayuda de inmediato. Recibí un mensaje indicando que, si teníamos que evacuar, podíamos quedarnos en casa de un amigo en Nanaimo, junto con otro dulce mensaje de preocupación por nosotros y la oferta de llevarnos si necesitábamos salir de la ciudad. El incendio sacó lo mejor de la gente.

Mi confianza se basó en el equipo de bien entrenados bomberos, así como en un Poder Superior que me ha salvado innumerables veces de la desesperación y la impotencia.

Estoy profundamente agradecido a mi Fe y a mis duras pero valiosas experiencias de vida, que me han enseñado a no entrar en pánico, sino a seguir confiando en Dios y en su don de la oración, la herramienta más poderosa para disipar los miedos en los momentos más estresantes. La oración ha sido mi don para navegar las aguas turbulentas de la vida.